Soy hija de florista, y te digo desde ya que es un negocio extraordinariamente duro. Mi padre tuvo épocas buenísimas y épocas en las que casi se arruina, y te aseguro que es un gestor maravilloso y una persona muy ahorradora. Estás en tu derecho de no prestarle el dinero, faltaría más, pero no hables de lo que no sabes con ese atrevimiento, porque te puedes equivocar mucho.