Ana, no están diciendo ninguna tontería, chatunga. NO todas las niñas los quieren. Yo los odiaba con toda mi alma, pero como tenía los agujeros hechos me obligaban a llevarlos. Y lo odiaba. Como lo odiaba. Eran incómodos, se me clavaban al dormir y se me enganchaba en todos lados. Y que Monesvol me pillara confesara si perdía uno, que eran de oro.
A eso de los quince deje de llevarlos, soportando una turra infinita y hasta hoy que tengo 36. Aún tengo las putas marcas.