Yo no llegué a dar el paso de quitarme la vida, pero sí tenía muy claro el cómo y el dónde. Básicamente la «razón principal» de no hacerlo era porque siempre había alguien en la zona que me podría impedir el intentarlo, a parte de que la verja que la rodaba era demasiado alta y yo me sentía demasiado inútil como para intentar escalarla. Mi motivo era hacer ver a los acosadores del colegio las consecuencias de sus actos, y a los profesores, cómo un «solo son cosas de niños» puede impedir que alguien que las pasa canutas acuda en su ayuda. Nunca le conté a mi psicóloga las ideas suicidas, pero el ir para mejorar mi autoestima me ayudó mucho a quitármelas de la cabeza