Es simple: la gente nos trata como nosotros dejemos que nos traten, o como nosotros creemos merecer que nos traten.
Si tu autoimagen es de «pobrecita yo», así te tratarán.
Comienza a aceptarte como eres y a establecer límites para que te respeten. Tú vales lo mismo que el resto de nosotros, nunca vales menos.