El problema del feminismo tan radical es que es capaz de meterse hasta en nuestra cama. Habiendo consenso NINGUNA práctica es machista, no me jodas. Porque todo es cuestión de gustos. A mí una ideología no me puede obligar a que me guste algo por narices, ni en la cama, ni en la mesa, ni en ningún lado. Si ahora el feminismo me dice que no puedo comer salchichas, pepinos, o todo lo que tenga forma fálica, pues que le den por saco. Si a mí para ser feminista mi marido tiene que dejar de empotrar me, pues paso del movimiento 🤣🤣