Si tú sabes que te estás esforzando, no les escuches… No dejes que te presionen más de lo que puedes dar porque acabas petando. Nadie mejor que tú para saber cuándo puedes apretar y cuándo aflojar. Como padres seguramente creen que te hacen bien haciéndote eso «para que te esfuerces», pero pon tus límites… Ya eres adulta y dueña de tus acciones, con sus ventajas y sus consecuencias…