Ay, nena, cómo te entiendo. He pasado por eso y aún lo llevo mal. En mi caso, terminó conmigo en cuanto me desplacé. Justo en el momento que más falta me hacía. No lo supero. De hecho estoy convencida de que no tomé la decisión correcta. Ahora me toca apechugar, seguir adelante sin él y tratar de abandonar la tristeza. Espero que tú tomes las riendas y las decisiones que te hagan feliz.