En mi experiencia, yo era la fiestera y mi marido el casero introvertido. Aun así, me lo pasaba bien con planes sencillos de poca gente y juegos de mesa, o nos lo pasábamos bien cuando estábamos los dos solos. He ido cambiando con el tiempo y me he hecho más de manta e intimidad, pero hasta entonces hemos llevado bien los gustos de cada uno. No tenéis que estar juntos en todos los planes, podéis pasar tiempo en pareja, tiempo por separado y de vez en cuando con amigos de uno o de otro. Siempre y cuando conciliéis las cosas bien, no tiene por qué ser el fin de la relación.