Cuando se planean cosas tanto en pareja como en grupo, como una boda, una reforma, un viaje… hay que tener claro el derecho a veto. Nosotros lo hemos hecho así siempre y nos hemos ahorrado muchos problemas.
Tenemos claro que el plan es de los dos, pero si a alguien le parece algo horrible, el otro no se lo puede imponer.
Y desde luego, si a mi me dice que si no hay perro no hay boda, me falta campo para correr. Y mira que yo me casaría con mis perros de testigos, pero no es algo que se deba imponer a la pareja.
Si la boda es de los dos, tiene que representar a los dos. Si algo no representa a los dos, no se pone. Es sencillo.