La primera vez que fui al ginecólogo fue por la universidad y eran dos hombres. Fueron supermajos y agradables, me hicieron sentir muy tranquila y segura. Creo que la situación habría sido igual de extraña con una ginecóloga.
A mi madre le operó el pecho un hombre. Cuando terminó la operación vino a hablar conmigo y a decirme cómo había todo, con un tacto y con un cariño, que lo voy a recordar siempre.
Con esto no quiero decir nada, porque también he tenido experiencias negativas con médicos, tanto hombres como mujeres. Por lo que, más allá de la comodidad de cada uno, un médico o médica son profesionales haciendo su trabajo lo mejor posible. Y eso es lo importante para mí.