Por cierto, yo tengo 35 y gracias a que con ocho me dejaron llorar una semana entera en un campamento por consejo médico, hoy soy una persona con una relación sana con la comida y con las demás personas. Hasta entonces estaba hasta arriba de problemas precisamente por llevar demasiado lejos el no dejar llorar. Y cuando digo problemas me refiero a problemas serios, como varios avisos de ingreso por parte de diferentes médicos. Y sí, recuerdo perfectamente cuanto lloré, pero recuerdo mejor los quince años después de aquella llorera en los que me faltaba tiempo para hacer la maleta y volver dónde me habían dejado llorar porque era absolutamente feliz allí.
Cuidado con hacer norma de nuestros propios traumas y experiencias. Todos hemos llorado alguna vez.