No te lo pienses.
Mis veranos eran un mes en la casa de campo de unos abuelos y otro mes en el pueblo con los otros abuelos. Mis padres venían de viernes a domingo y a final de verano nos íbamos dos semanas de vacaciones.
Fueron unos veranos increíbles, disfruté de muchas cosas que en la ciudad habría sido imposible y jamás he sentido que mis padres me abandonaran. Para mí era un regalo poder pasar los veranos así y alguna vez hablando con amigas han dicho lo que envidian el haber podido vivir algo así.
Si tus padres están dispuestos, tu marido de acuerdo y a los niños les parece bien, adelante. Además, si vais a ir los fines de semana, si la cosa se tuerce os lo podéis traer para casa.