A mí tampoco me gusta leer faltas de ortografía, pero no voy a dejar de conocer a una persona por éso, ni descartarle como posible pareja. He conocido grandísimos hijos de puta que escribían como Góngora, y tíos con una formación académica muy justita con los que podía hablar de muchas cosas, me trataban divinamente y teníamos un sexo genial.