El interruptor mágico no lo tienes tú ni lo tiene nadie. Es un poco como si dices «ayer me comí de un tirón dos litros de helado de chocolate, que sé que me sienta mal, pero es que no puedo evitar que me encante». La solución no es conseguir que deje de gustarte el helado de chocolate. Eso no va a ocurrir. La solución es entender las ventajas y los inconvenientes que tiene comértelo (o incluso tenerlo en casa), y tomar una decisión al respecto.