Ayer justo pasó una «anécdota» que para mí marcó el final de ciclo de una amistad: de repente esa persona decía que no quería que le escribiera más, que le olvidara. No es la primera vez que dice que se necesita alejar y luego vuelve diciendo que se siente solo e incomprendido, así que le contesté que vale, que no le molestaré más pero que no me venga luego a llorar. Con eso quiero decir que, muchas veces, te das cuenta que eres tú la única que tira del carro de una amistad, o que escuchas las penas de los demás pero la otra persona no hace lo mismo por ti. Cuando eso pasa, hay que aprender a soltar, aunque sea una amistad de muchos años a quien tienes mucho aprecio. Quien quiera mantener la amistad, hace todo lo posible para hablar, o te dice cuando le va bien quedar. En el momento en que eres tú la única que hace el esfuerzo, ahí no es.