Me independicé y al poco conocí a mi chico. El sabía que estaba loca por adoptar un gato, y a pesar de que a el no le hacían mucha gracia los gatos, buscó un gatito para adoptar y me lo regaló. El aún no vivía conmigo así que el gato es mío. Después se vino a vivir conmigo y no llegaban a cuajar mucho, mi gato estaba todo el día conmigo y de pronto no entendía qué hacía ese humano en la casa, por lo que no era muy simpático con él. Al poco hicimos un viaje largo a China y el pequeño se quedó con un familiar. Llevábamos para el viaje dinero de sobra porque no sabíamos cuanto podíamos necesitar, y al final gastamos bastante menos. Estando de viaje mi gato se puso malito. Yo no lo sabía porque me hubiera dado el viaje pero el sí, había que operarlo. El último día de viaje, puesto que no habíamos gastado mucho, ibamos al típico mercado de imitaciones, y pensaba comprarme lo que me pareciese, pero mi chico me frenó, me dijo que si me gustaba algo mucho sí pero que tampoco derrochar por derrochar. A la vuelta lo entiendí, la operación era un pico y si nos sobraba algo pues mejor. Al final pagamos la operación con el dinero que nos sobró del viaje, dinero que era de los dos, puesto que habíamos puesto a partes iguales, pero porque salió de el, yo no podía exigirle eso. A día de hoy se aman, quizás ya sí es nuestro gato y de pasar hoy sí que consider1aría que habría que pagarlo entre los dos, pero también porque aunque mi pequeño fuese un regalo para mí, él también estuvo de acuerdo en adoptarlo.