Cuando te haces adulto, las amistades pasan a un segundo plano. Ya no son la prioridad máxima como cuando eres adolescente o estás en la veintena, y más cuando tienes pareja. Eso no quiere decir que ya no te importen, pero el trabajo, llevar una casa, la familia que formas…pues todo eso va primero en tu atención. Al final los amigos quedan relegados a la tarde del sabado, a un café semanal, o a una llamada de teléfono para ver qué tal os va. Es triste, pero es que no hay tiempo material ni descanso mental para más, salvo que seas soltero y sin hijos o trabajes pocas horas…