Dile tu suegra (pero díselo tú, no mandes a tu maridan como si tú no tuvieras voz) que como no os ponéis de acuerdo, mejor que os regale otra cosa. Y te compras tú los muebles que te gusten, porque por mucho que vayan a estar en tu casa no la puedes obligar a dejarse la pasta en algo que no le hace gracia.