Quizás este año puedes plantarte y dejar las cosas claras desde el principio: que estás hasta el moño de comentarios y ataques e irás bajo la condición de que la puta boca callada y los comentarios se los meta por donde le quepan. Y si no cumple esa sencilla regla, sea la hora que sea, estéis en el momento de la noche que estéis, te levantas con tu marido y te piras. Y no vuelves ninguna navidad.
Que ella verá.
Y sobre todo, CUMPLIRLO. Pero a rajatabla. Al mínimo comentario, te levantas y te piras, sin discusiones, sin reproches, sin dejarte enredar en una conversación de besugos. Sólo levantarse, coger los abrigos y chao.
Yo tuve que hacerlo con unos familiares. Y no volví a ninguna de las celebraciones en más de cinco años hasta que me pidieron disculpas de forma honesta y han sido los cinco años más divertidos, tranquilos y pacíficos que recuerdo en mucho tiempo. Y mis propios padres me han dado mucho por saco con el temita, pero aquí p’a cabezona, servidora.
Este año, que está muuucho más suaves, me estoy planteando volver, pero bajo las mismas condiciones exactamente. Al mínimo comentario o indirecta, me levanto y me piro.