Yo es que no le veo ninguna ventaja a hacerles a los niños creer en esas cosas. Menos aún cuando descubren la patraña y los padres recurren a triquiñuelas absurdas para que se la sigan creyendo… esto roza ya lo ridículo. Ya no solo es mentir sino mentir sobre que has mentido, mentira sobre mentira.
Mi hija nunca ha creído y es una niña feliz y muy emocionada con la Navidad. Es cuestión de educar en algo más que en la ilusión por los regalos.
Los argumentos de la inocencia y la magia no tienen ni pies ni cabeza… los niños siguen teniendo inocencia aunque no crean en esas historias que les quieren hacer pasar por tontos, y la magia objetivamente no existe, no nos pongamos en plan peliculero.