Yo era así, y mis padres muy sabiamente me dijeron que no, pero me prometieron que me pagarían el primero cuando entrara a la universidad, así consiguieron que yo entendiera que el problema no era el tatuaje sino el momento, además me acompañaron a ver que el sitio era higiénico y aún me encanta mi tatuaje.
No le estas negando tatuarse, simplemente retrasas el momento, igual que has hecho con tantas otras cosas, cine para mayores, alcohol, sexo… El problema no es que, sino cuando.
Un abrazo