Me parece deleznable que una mujer talludita como tú, sucumba vilmente a los cantos de sirena de la más vil concupiscencia. Este lamentable «affaire», acabará teniendo perniciosos efectos sobre el negocio de tu progenitor. Si él se entera de que estás usando tu cuerpo maduro para seducir a un jovenzuelo, se sentirá traicionado como Jesucristo, Julio César o Hiba Abouk. Te sugiero que sustituyas esas perversas relaciones, por un buen satisfyer. El autor de tus días y su socio te lo agradecerán.