A ti te gustan los detalles y la celebraciones, y a tu marido e hijos no. Si lo miras desde otro punto de vista (no solo el tuyo) tus deseos no tienen por qué prevalecer sobre los de las otras tres personas que conviven contigo. En vez de pretender que ellos se pongan a mirar tus listas y tus cuadernos, lo más lógico sería que seas tú quien se amolde a ellos.