No tiene nadita de aliado. Se enfada y luego se hace ha víctima cuando le reclamas que haga su parte. Tener que estar pidiendo mínimos es cansado y mata la chispa esa que no sabes si habeis perdido.
Cuando mis amigos se declaran feministas les pregunto «tú qué haces en casa… SIN que nadie te le pida?». Les cambia la cara.