Dale la vuelta a la situación y hazte una pregunta con la mano en el corazón: ¿si fueses tú la que estuviese en casa todo el día, por las razones que fueran, te ofrecerías a pagar una proporción mayor de las facturas de suministros?
Si tu respuesta es un sí rotundo porque consideras que no es justo hacerle pagar a tu compañero por un gasto que generas, habla con él y plantéaselo.