Las cosas no han mejorado, las cosas siguen exactamente como antes.
Cinco años es tiempo más que suficiente para valorar la evolución de una relación. Tenéis un pasado acumulado que deja mucho que desear, un presente que sigue siendo más de lo mismo: eso es tu relación, no una promesa a futuro.
Por otro lado, no es necesario ni boda, ni hipoteca ni hijos, para tener un compromiso «de verdad».