Sí la casa es de los dos y a ti no te parece bien compartirla, o le compras su parte, le vendes la tuya, o eres tú quien se va. La casa no es tuya, es de los dos, y él tiene derecho a vivir en esa casa, al igual que a disfrutar de la compañía de los niños, que al parecer también están encantados con la idea.