Yo dejé de ir a una peluquería a la que llevaba años yendo, porque la hija de la dueña se lió con un drogadicto que había estado en la cárcel por robar, y no fue por » clasismo», como dicen por ahí, sino porque daba miedo estar en la peluquería cuando él llegaba con su malos modos pidiendo dinero, o cogiéndolo directamente del bote. Todas las clientas nos sentiamos incómodas , ya que le veíamos capaz de llevarse el bolso de alguna. Prácticamente todas dejamos de ir. Así que no imagino lo que debe ser tener que convivir con alguien así. Te entiendo, yo también me iría…