Yo tuve un bajón increíble con la carrera. Me sentía como tú. Mis amigos iban aprobando, mal que bien, estudiando mucho menos de lo que yo estudiaba, y yo no hacía más que suspender y suspender (yo, que era una niña de sobresalientes en todo). Era lo que siempre había querido estudiar, y de pronto no me gustaba y estaba super arrepentida, y no me veía trabajando de esto toda mi vida. Fue una desmotivación absoluta. Era una carrera de cinco años más otro para el proyecto. La media estaba en sacársela en siete años. Yo, que tuve un parón de casi cuatro años para trabajar, tardé más de diez. Una eternidad.
Empecé a coger optativas que tenían que ver con idiomas (que siempre me han encatado), y con cosas que nada tenían que ver con mi carrera, solo por airearme y por ver otros campos, porque estaba sobresaturada. Me busqué una beca y me puse a trabajar y colgué la carrera durante varios años (casi cuatro). Y al final, cuando la empresa para la que trabajaba me ofreció un puesto fijo, real, me pregunté si quería terminar o no, o qué carajo quería hacer con mi vida. Ni siquiera me gustaba el trabajo que hice durante esos cuatro años, ¿qué iba yo a hacer con un puesto fijo en esa empresa?
Como siempre he valorado demasiado lo que pensaban los demás de mí, decidí darle un apretón a la carrera y terminar de una vez por todas, que ya no tenía edad para estar estudiando, pero te juro que buscaba en infojobs trabajos de cualquier otra cosa que no tuviera que ver con la ilusión de mi vida, que era lo que estudiaba, tan harta y enferma estaba de todo ello.
Como siempre he sido una pusilánime, un familiar me recomendó a un colega que acababa de fundar su empresa y necesitaba gente de lo mío y al final hice una entrevista para algo que no me gustaba dentro de mi especialidad y empecé a trabajar en algo que no me llenaba por trabajar en algo, mientras encontraba lo que realmente quisiera hacer. Fíjate, las vueltas que da la vida, después de 9 años, sigo trabajando en lo mismo en el mismo sitio y me encanta mi trabajo. Me he perdonado por los malos años de la carrera, fui a recoger mi título (que lo tenía abandonado en la universidad y estuvo allí cogiendo polvo durante años), me he perdonado por pasarlo mal y sufrir tanto y por no ser perfecta, y por las malas notas, y por las cuestas arriba. Me he perdonado por las decisiones fáciles, y por ser conformista y he ido cambiando todo eso poco a poco.
Quizá he tenido suerte, o quizá el alejarme del tóxico (para mí) ambiente universitario es lo que me ha devuelto a la vida y al cariño e ilusión con el que empecé mis estudios y que había tirado ya por la borda. El caso es que de verdad me gusta mi trabajo, aunque al principio lo odiaba, soy buena en él, tengo unos compañeros que son la leche, y disfruto mucho haciendo lo que hago. Ya no me arrepiento de haber estudiado mi carrera, aunque el sistema educativo español (y público) es una puta mierda. Y eso te lo firmo aquí ahora mismo sin ninguna duda. A mí me desmotivaron completamente y por esa desmotivación y otros motivos acabé engordando muchísimos kilos y cogiendo una depresión de caballo que sólo se me quitó cuando por fin salí de aquel ambiente tóxico, y sólo ejercer mi profesión durante varios años y darme cuenta de que, a pesar de todo lo que me hicieron creer, soy buena en ella me ha hecho recuperar mi amor perdido.
Creo que como te han dicho, la ayuda psicológica es básica. Si yo la hubiera tenido, no habría llegado a los límites a los que llegué, habría tomado ciertas decisiones más rápido, me hubiera valorado más, me hubiera despreciado menos, y hubiera enfocado mejor mi vida.
Mucho ánimo y piensa bien cualquier paso que vayas a dar. Piensa que el tiempo pasa y no vuelve, y no vale la pena tirar años a la basura siendo infeliz. Decidas lo que decidas, intenta quererte y ser feliz. Y si tu ritmo es el de una bicicleta, eso no tiene nada de malo. Un paisaje bonito se disfruta mucho más en bici que en moto. Y si te caes, la leche duele menos. Las bicis tienen muchas cosas buenas. Cada uno tiene su ritmo y no es ni mejor ni peor que el de los demás. Simplemente, es el de uno. Hay que aceptarlo y quererlo, por ser el nuestro.
Un beso enorme.