Mi caso:
Voy a urgencias por segunda vez en 15 días porque tengo las amígdalas como pelotas de tenis. Me atiende un «señor» de unos 130kg(gordo gordófobo), apestando a alcohol y con el paquete de ducados negro en el bolsillo de su camisa. Le explico que ya había ido al médico, que me dieron antibiótico y que, aunque al principio parecía que funcionaba, a los pocos días volví a lo mismo. Me mira, pone cara de asco, y me dice «es que con lo gorda que estás lo raro es que no estés aquí todos los días». Mis análisis siempre salen perfectos y llevo una vida totalmente satisfactoria. Me reí en su cara, le pedí la receta, y me fui.