Le quiero, obviamente. Tiene luces y sombras, pero esta sombra se me hace muy alargada.
Ayer hablé con el y está cabreadisimo. Dice que le he faltado al respeto… y lo que le dije fue: la vida de adulto es dura, y la ambición es la discrepancia entre dónde estás y dónde quieres estar. Creo que no tienes claro dónde quieres estar y para mí eso es un lastre.
Pues cabreado porque para el es como tratarle como alguien vacío y pobre de metas. Lo que es. He pasado olímpicamente de su cabreo. Ya ni siquiera puedo hablar con él de eso (no fue una discusión, le planteé mis inquietudes).