Toda la vida me dijeron que no podría tener hijos y me quedé embarazada a la primeras

No recuerdo un solo momento en mi vida en el que dudara sobre la decisión de ser madre. Siempre he visto hijos/as en mi futuro, entre otras cosas, porque me encantan los/as niños/as y he tenido claro que asumiría de buena gana la tarea de educar. 

Me recuerdo como adolescente y postadolescente haciendo de niñera de los/as peques de familiares y amigos/as de mis padres, ir a visitarlos con frecuencia e invitarlos/as a casa. Con esto quiero que os hagáis una idea del alto impacto que me han causado las noticias médicas que cuestionaban mis posibilidades de procrear. 

  • Endometriosis, ovarios poliquísticos y trastornos hormonales

Yo siempre he tenido reglas algo dolorosas, pero, cuando he preguntado a médicos/as de familia, me decían que los cólicos eran habituales y que la mayoría de mujeres sienten dolor asociados a la regla. No era un dolor incapacitante, pero, con el tiempo fue aumentando

Fue este el motivo principal por el que me decidí a ir a una ginecóloga por primera vez, antes de los 20 años. Para entonces, el dolor era bastante agudo y a mí me preocupaba que llegara a resultarme insoportable. Le describí todos los síntomas, respondí todas sus preguntas y, tras un examen pélvico y una ecografía, me diagnosticó endometriosis. A falta de una resonancia que, poco después, lo confirmó. 

Al preguntarle qué podía suponer en mi vida, me dijo que el dolor podría ir en aumento y que se podría producir un deterioro de la fertilidad, lo que me cayó como un jarro de agua fría. Resulta que la endometriosis puede obstruir la trompa e impedir la fecundación. 

Por otra parte, me detectaron ovarios poliquísticos a los 23 o 24 años. Fue en una revisión rutinaria con mi ginecóloga, que ya sabía que era frecuente que la regla no me viniera con una periodicidad fija. No eran endometriomas asociados a la endometriosis, era SOP (síndrome de ovarios poliquísticos).

Cuando me lo dijo, lo primero que pregunté fue cómo me afectaría cuando me decidiera a quedarme embarazada. Me explicó que era más propensa a sufrir abortos espontáneos, lo que, unido a una ovulación menos frecuente, podría suponer dificultades para quedarme. Podría necesitar tratamientos de fertilidad llegado el momento, aunque la mayoría de mujeres con SOP se quedan embarazadas sin someterse a uno. Pero, claro, yo tenía el problema añadido de la endometriosis.

La poca tranquilidad que me dio se disipó cuando, un año o dos después, me diagnosticaron hipotiroidismo. En mi familia hay varios afectados por esta patología y sabía que tenía muchas papeletas. Hasta el punto de que, aunque no tengo una dosis alta, tengo que tomar Eutirox de por vida. 

El endocrino me dijo que no me preocupara, que, si estaba bien controlado, no tenía por qué representar dificultades o peligros de ningún tipo. Y que tanto antes como durante y después del embarazo se me harían pruebas regulares, sin más.

-Ya. Lo malo es que también tengo endometriosis y ovarios poliquísticos -dije. 

El buen hombre ladeó la cabeza en un gesto condescendiente y dijo: 

-Seguramente, necesites un tratamiento especial. 

En fin, que la cosa no pintaba muy bien. 

  • La gran sorpresa

A los 27 años conocí a quien, cinco años más tarde, se convirtió en mi marido. Los dos teníamos claro que queríamos ser padres antes de los 35. Así que, después de la boda, como contábamos con una situación favorable, eliminamos las escuetas protecciones que usábamos durante las relaciones. El retroceder a tiempo, ya me entendéis, porque yo pensaba que lo tenía chungo para quedarme sin querer. Y, aunque pasara, acogería la noticia con más alegría que otra cosa. 

Descartamos la Seguridad Social, por los tiempos de espera, y pedimos cita en una clínica privada de la que me habían hablado muy bien. Yo me había informado del procedimiento, buscando por mi cuenta y a través de lo que me contaron otras mujeres: que si estimulación ovárica controlada, que si punción folicular… Y, pese a ello, todo era nuevo para mí cuando llegué a la clínica. 

Al ver mi historial, me dijeron que lo mejor era empezar directamente con todo el procedimiento de una fecundación in vitro (FIV). No fue ninguna sorpresa para nosotros. La inmediatez es una de las grandes ventajas de las clínicas privadas, y aquel mismo día procedieron a hacerme una ecografía. Y fue entonces cuando me llevé la mayor sorpresa de mi vida: ¡¡¡ESTABA EMBARAZADA!!! 

Cuando la doctora nos lo dijo, mi marido y yo nos miramos sin dar crédito, como si nos hubiera dicho que estábamos en una nave espacial, flotando en medio del espacio a años luz, y no es una clínica en el planeta Tierra. Tras el shock inicial, salimos de allí llorando y sin poder borrar la sonrisa de nuestras caras. Estaba de seis semanas, así que, según nuestros cálculos, concebimos en una de las primeras relaciones tras decidir que era el momento. 

Estaba muy asustada, cuidándome al máximo, pensando que había muchas posibilidades de aborto espontáneo. Ni siquiera se lo dije a mis familiares más cercanos hasta bastantes días después. Afortunadamente, todo salió bien y hoy soy mamá de un niño de seis meses. Me encantaría que lo que cuento sirviera para llevar esperanzas a quienes tienen o creen tener dificultades para quedarse embarazadas.

Anónimo