Nunca pensé que nos pudiera pasar a nosotros . Creía, ingenuamente, que si proporcionaba una infancia segura a mi hijo, que si no había imposiciones, que si se negociaban, consensuaban o estudiaban las normas, que si se hablaban las cosas, que si lo hacía partícipe de las decisiones…, repito, creía ingenuamente, que llegada la adolescencia todo sería más fácil y no me pasaría como a otras madres que están desesperadas con sus hijos adolescentes.
No puedo explicar en qué momento el niño dulce y feliz fue cambiando hasta convertirse en un habitante de Mordor. No lo vi venir porque no me lo esperaba para nada.
En algún momento entre los abrazos, el colecho y los paseos de la mano, apareció el fantasma de la distancia física y emocional entre nosotros. El “déjame aquí” cuando lo llevo al instituto, lo suficientemente lejos para que no lo vean con su madre. El no contestar los whatsapp, el rechazar de malos modos un beso y un abrazo…
Sobra decir que cualquier conversación con él es imposible. Se comunica exclusivamente por medio de monosílabos y gruñidos, en el mejor de los casos. Su habitación parece la cueva del oso pardo durante la hibernación, tanto en iluminación como en ventilación. Su modo de caminar, la capucha puesta y los calcetines altos con 30 grados generan en mí ganas de utilizar métodos pedagógicos basados en chanclas de playa. Cualquier sugerencia, norma o límite , eso sí, hace que se le desate la lengua y lo posea el espíritu de la gramática para contestar con un “haré lo que me dé la puta gana”.
Como os podréis imaginar, lo estoy pasando muy mal. No me esperaba estos comportamientos por mucho que trate de entender la adolescencia y todos los cambios que provoca en sus hormonas y en sus cerebritos. He llorado, me he preguntado en que he fallado, cómo hemos llegado hasta aquí, pero no he encontrado ninguna respuesta por más vueltas y vueltas que le he dado a mi cabeza. Y sabéis qué os digo, que ya me cansé!!
Me cansé del diálogo, del consenso y de la democracia familiar. La puntería con la chancla nunca ha sido uno de mis puntos fuertes, así que , me decanto por otros métodos con menos “impacto”, pero igual o más eficaces . A ver qué opináis.
En primer lugar, creo que le voy a informar vía whatsapp que habrá cambios “en plan” importantes en la dinámica familiar.
Para evitar que le vean conmigo en el instituto, no le voy a llevar, ningún día. Ni los que se levante justo de tiempo, ni cuando llueva a mares ni cuando … los paseos y el transporte público seguro que le ayudan a valorar la distancia (espacial y emocional).
En cuanto a las respuestas a sus demandas me voy a guiar por los tiempos de sus respuestas a mis mensajes. “Me vienes a buscar?” mi respuesta 2 días después “perdona hijo, es que no te leí” .
Y en cuanto a su ropa, no me voy a poner demasiado seria diciendo que no la voy a lavar, blablablá…solo se lavará la que esté en la cesta de la ropa sucia. Se admiten apuestas, cuánto tiempo pensáis que tardará en no tener nada limpio que ponerse? O en no encontrar nada dentro de su cueva ?
Qué pensáis de estas medidas? Creeis que pueden funcionar?
Personalmente creo que a mí me va a resultar muy difícil cumplirlas. Me va a dar pena sentir que “no estoy disponible” para mi niño ( que es lo que es para mí, mi niño pequeño). Pero, el no estar siempre disponible, también es educar.
