A ver. ¿De qué hablan los tíos cuando quedan? De fútbol (o baloncesto, según los gustos). Del curro. De juegos de la play. Y de tías. Y el que lo niegue está mintiendo.
¿De qué hablamos las tías cuando quedamos? Del curro. De la familia. De series (pelis, libros, según gustos) Y de tíos. Es impepinable. Y sí, lo más divertido es hablar de tíos. El chisme nos encanta, al menos a mis amigas y a mí.
Es regla no escrita pero no por ello menos cierta.
Especialmente para nosotras es terapia quedar con las amigas y desahogarnos. Hablar de todo lo que nos hace felices, pero sobretodo de los que nos preocupa, porque nos ayuda a sobrellevar nuestros dramas. Y sí, empezamos con los dramas y acabamos con las anécdotas divertidas para exorcizar las penas y acabar entre risas con el alma curada. Y si estás entre amigas de verdad, no hay temas tabús, te abres en canal, sin complejos, porque sabes que no te van a juzgar y te van a apoyar y aconsejar desde el corazón.
Pues el otro día mi novio llegó de una quedada con los chicos con el carácter un poco enrarecido. Me contestaba con monosílabos y gruñidos y parecía que me iba esquivando todo el rato. Hasta que me harté y le pregunté directamente qué leches le pasaba, si tan mal había ido su plan. Y me soltó lo que le tenía tan mosqueado. Que un amigo nuestro le había dicho que su novia, también amiga nuestra, le había explicado que habíamos hablado de los miembros viriles de nuestras parejas en la última salida de chicas.
Que si yo también lo había hecho. Claro, como todas. ¿Y? Que no le parecía bien. Es más, que le parecía fatal. Que es como si ellos hablaran de nuestras tetas, que seguro que a mí no me gustaría. Bueno, es que a mí no me extrañaría que lo hiciesen, la verdad. Y tampoco le daría especial importancia. Pero que vamos, que no estamos hablando de extraños. Que son nuestro grupo de amigos de siempre. Que hay más que confianza. Que somos familia. Pues que a él no le perece bien. Que tendría que haberle pedido permiso. Y que, aun así, no me lo hubiera dado.
Pero a ver, que yo no he dicho nada malo de su pene. Le intenté explicar que sólo había dicho que a mí me gustaba, que estaba satisfecha, que no es enorme, ni lo necesito, pero sí que es juguetón. ¿Dónde está el problema?
Conforme más intentaba explicárselo, más de enfadaba. Y ahora tiene un cabreo épico. Al final, yo también me enfadé con él porque puedo entender que no le guste que hable de sus intimidades. Lo tendré en cuenta para próximas ocasiones, pero no fue nada malo ni con nadie ajeno. Así que creo que ha hecho una montaña de un grano de arena.
¿En serio es tan malo hablar de eso con mis amigas? No creo ser un caso aislado, vamos. ¿Y ahora me toca pedir disculpas por algo que, personalmente, no creo que sea un crimen? Por la buena convivencia y el respeto a su decisión tendré que claudicar.
