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A MIS PADRES SE LES VE EL PLUMERO CON MIS HERMANOS ADOPTIVOS CUANDO YO SOY SU ÚNICA HIJA BIOLÓGICA
Mis padres se casaron con la ilusión de tener una familia numerosa. Ambos vienen de familias de 11 y 8 hermanos, respectivamente, por lo que era su sueño tener una casa ruidosa, llena de vida y de gente, desde que se plantearon un futuro juntos.
Mi madre tardó en quedarse embarazada de mí, siempre cuenta que le costó un montón y que fueron un par de años de mucha desesperanza. Cuando menos lo esperaban, el predictor les dijo que sí, y nací yo, niña buscada donde las haya, con unos padres felices y amorosos.
La cosa es que al par de años de nacer yo, al empezar a buscar un hermano o hermana para mí, se encontraron con que el bebé no llegaba. Fueron años buscando, años de médicos y de tratamientos. Poder podían porque yo era la evidencia, pero no conseguían tener más hijos.
Mi madre entonces se obsesionó con la adopción y en ello se pusieron. Esos trámites son tediosos y muy pero que muy largos, de manera que para cuando les confirmaron que tenían adopción para ellos, yo ya tenía 10 años. Estuvieron mucho tiempo fuera del país para poder traer a mis hermanos a España y desde entonces comencé a sentirme muy abandonada. Fue como si ya yo no existiese y el mundo girase en torno a los peques, como si olvidasen que dejaban atrás, durante meses, a otra niña que seguía siendo pequeña y les necesitaba.
Mis hermanos son adorables, mis personas preferidas en el mundo. Son chico y chica y entre ellos son hermanos biológicos. Son unas criaturas amorosas y preciosas, son buenos, educados y colman mi casa, y a mis padres y a mí, de amor. Actualmente ellos tienen 8 y 10 años y yo 18.
Mi cosa no es con mis hermanos, a los cuales adoro, es con mis padres, para los que parece que ya no existo. En su afán por buscar su familia deseada siempre he tenido la impresión de que se olvidaron de que yo existía, que yo era una realidad y que también necesitaba esa felicidad y atención.
Me alegro infinito de que mis hermanos tengan la oportunidad de ser felices en un hogar donde se les quiere, pero siempre me pregunto dónde quedo yo. Siempre hacemos los planes que a ellos les gusta, siempre son ellos los protagonistas, siempre son el tema de conversación y el centro de atención. Entre tanto yo procuro sobrevivir en mi casa, donde parece que no pinto mucho, donde mis asuntos y mis prioridades no le interesan a nadie, donde me siento sola.
Yo quiero a mis hermanos con toda mi alma y son la alegría de mi casa, pero no puedo evitar sentirme frustrada con mis padres y a veces me dan ganas de recordarles que la única hija biológica que tienen soy yo. Es cruel, es feo, lo sé, pero es que necesito sentirme valorada y querida y no encuentro en ellos el apoyo que busco.
He pensado hablar con ellos, pero no quiero que piensen que son celos y que es una pataleta. Tampoco quiero herirles porque sé que lo hacen lo mejor que pueden y que a su manera me quieren con todo su corazón, pero siento un gran vacío. En fin, que no sé qué hacer.
