Hola a todos y a todas. Hoy vengo a contar algo que ha sido durante toda mi vida (tengo entre 20 y 24) me ha perseguido, no siempre, pero en muchas ocasiones. Cuando era pequeña, tendría entre 6 y 8 años ya que no lo recuerdo exactamente, el padre de mi madre abusó de mi (tocamientos) No una vez, en varias veces porque yo con esa edad no sabía si aquello era bueno o malo, si era raro o no.
No sé cuánto tiempo pasó pero a raíz de darme cuenta de que no era algo normal, le advertí que lo dejara o se lo contaría a mi madre. A partir de aquí acabo todo.
Años después, creo que con 16 o así le dije a mi madre que no me gustaba ir allí, porque desde que sufrí aquello visitar a la familia de mi madre se me hacía horrible. Hasta hoy es así porque por desgracia, esa persona sigue viva. Cuando se lo conté a mi madre porque ya no pude más y con lágrimas de impotencia y de sentirme asquerosa, ella me dijo lo que sabía que haría. Mantener ese tema en secreto por mi padre porque sino, “ se iba a liar” cosa que en su momento respeté e hice por ella.
Pero han pasado muchos años, y la situación de normalidad es asquerosa. Me resulta asquerosa. Seguimos visitándolos y tengo que comportarme normal para que nadie sospeche nada. Y me asquea terriblemente. Por mí, desde aquel día que con menos de diez años me planté, no hubiera vuelto a ir. Pero la familia de mi madre vive cerca y por la vejez de mi abuela mi madre sigue visitándola, ahora incluso más que antes. Intento no ir cada vez que puedo pero hay momentos que no me queda de otra.

Hoy es un día de esos y solo pensar en la careta que tengo que ponerme al llegar allí me enferma.
No quiero seguir tratando esta situación como normal porque lo que me hizo no lo es. No quiero que mi madre siga tratando a su padre con normalidad porque abusó de su hija. Y eso me duele. Mi madre, sabiendo lo que sabe, es capaz de llegar allí y mantener conversaciones normales, sonreír, hacerles regalos en navidades… lo siento si suena extraño pero creo que a mi madre le importa una mierda lo que me pasó. O prefiere mirar hacia otro lado y hacer como si no supiera nada. Y me duele. Mucho.
Yo he podido hacer una vida normal desde ahí, y conforme he crecido me he dado cuenta de la mierda a la que estamos expuestas incluso desde pequeñas. Pero a día de hoy me sigue persiguiendo esa etapa. Y a quien se lo he contado de mi estricta intimidad, siempre ha sido con lágrimas en los ojos e impotencia, y un dolor en el pecho que no le deseo a nadie. Cuando alguien se abra de esta forma, cuando alguien cuente algo con voz temblorosa y lágrimas en los ojos, por favor creedla. Dadle un abrazo. Lo necesitará.
Gracias por leerme.