Con ocasión del Día Internacional de la mujer doy el paso para reivindicar el respeto hacia nosotras como iguales, como seres humanos que tenemos una dignidad y absolutamente nadie debería aprovecharse de sus cualidades físicas para hacernos sentir pequeñas.
Cuando echo la vista atrás, soy consciente de que he sido víctima, sin saberlo en ese momento, de abusos propios de egos masculinos, incluso de personas cercanas sin intención de agraviarme, al menos eso quiero creer.
Tengo 28 años, prácticamente recién cumplidos, y mis primeros pensamientos me llevan a los 17 cuando, por primera vez, me voy con mis amigas de vacaciones a un pueblecito costero para celebrar que he aprobado la selectividad. Allí coincidimos con varios amigos nuestros y más de un día nos unimos de fiesta. Unos de esos días, la sidra me jugó una mala pasada, estaba tremendamente afectada, apenas podía hablar, caminar… Y mis amigos y amigas decidieron pasar la noche todos juntos en el camping de los chicos.

Uno de ellos, llamémosle Andrés, que por cierto fue en su momento muy amigo mío, se ofreció a ayudarme a caminar porque ya me había caído un par de veces. Lo cierto es que tengo lagunas, pero sí recuerdo que hablaba de una recompensa o algo así, mientras yo solo deseaba llegar a algún sitio y dormir la mona. Pues bien, llegamos a su bungalow, y me ofreció su cama; no recuerdo ni siquiera con claridad los besos previos que a lo mejor ni los hubo, lo que sí me viene a la mente es que yo no dejaba de decir que me encontraba fatal. El siguiente recuerdo es la de él cogiendo mi mano con la suya poniéndola en su miembro y agitándola al darse cuenta de que yo no era capaz de mover nada por mí misma. Recuerdo que se corrió, se limpió y se fue a la habitación de al lado a proclamar que le había pajeado. Cuando me desperté, lo que sentía no era solo resaca, era vergüenza, asco y arrepentimiento especialmente lo que más recorría mi cuerpo.
Salimos mis amigas y yo del bungalow, me cuentan que saben lo que he hecho, y yo no soy capaz de decirles que no lo he hecho porque en ese momento creía que así había sido y que quería hacerlo. Nada más lejos de la realidad, lloré todos los días a escondidas y les pedí no volver a verles más, me negué a beber durante el resto de vacaciones y nunca más he hablado con este chico.
Quizás la conciencia social y los años me hacen ver las cosas de otra manera, pero esa persona a la que yo llamaba amigo no era más que un capullo que se aprovechó de una chica que en pleno uso de sus facultades jamás habría tenido nada con él y él lo sabía, porque jamás se me había insinuado en 4 años de amistad. Ojalá, aunque tristemente intuyo que no, esa persona tenga grabada esa noche para no cometer ese error con ninguna mujer más.