Hola weloversizer’s. Hoy os traigo algo que me acaba de pasar y de la que me he librado de milagro. Necesito soltarlo ya, sino no voy a ser capaz de calmarme.
Resulta que salía de casa de mi novio dirección a mi casa.
Hoy llevaba la misma ropa q llevé el viernes de marcha, por lo que podréis entender que iba muy mona yo… En qué cabeza entra ir así de mona un domingo por la tarde-noche y sin compañía varonil…
Of course, pues ahí iba yo de valiente de camino al metro a un ritmo seguro y con la cabeza alta (defensa creada instintivamente desde bien joven por situaciones desagradables como ésta).
A menos de 40 metros para llegar a la boca del metro se me pone al lado un hombre que me saca cabeza y media de altura y podría decir que al menos una decena de centímetros de ancho. Un hombre demasiado hablador y demasiado insistente en querer «ser mi amigo». «Ser mi amigo» aunque no quiera más amigos. «Ser mi amigo» aunque tenga pareja. «Ser mi amigo» aunque mi pareja sea celosa. «Ser mi amigo» aunque yo no quiera.
(Mi yo interno en un principio no ha querido sacar la baza del novio, pero el estrés empezaba a aumentar… Y el instinto de supervivencia ha salido a flote).
La ansiedad provocada ha sido tal que mientras andábamos camino al metro iba haciendo la famosa señal de encerrar el dedo pulgar dentro del puño de la mano. Nadie la ha debido de ver aunque lo he hecho repetidas veces. O no conocían la seña. O no se han atrevido a intervenir, simplemente…
Y todavía insiste. «¿De qué zona eres?» -«No soy de aquí» -«Ya me lo imagino, ¿a dónde vas?» -«A ~estación inventada~»
Ganas de llorar.
Sigo bajando los escalones dejando que pase delante de mí y me deje tranquila.
Ilusa de mí.
Todavía se gira para esperarme y poder seguir hablando.
Yo sigo haciendo pausas para no llegar a su altura.
Él continúa andando y pasa la puerta principal del metro.
Meta lograda.
En mi mente solo hay un pensamiento: «Ya hay cámaras.»

Entro en el metro y voy directa a la cabina del jefe de estación. Y resulta que es una mujer encantadora que me ha ofrecido un plan. Dejarle ir, ver a qué andén va y después ir al andén contrario para ver cómo se va.
Esa charla en el metro no te lo podré agradecer suficiente aunque me deshaga en decírtelo a viva voz.
Gracias jefa de estación de una de tantas paradas que hay del metro de Madrid. Te mando un abrazo muy fuerte. Me he quedado con ganas de dártelo y poder llorar en tu hombro.
Quisiera dar un mensaje a cualquiera que pueda leerme.
No todos los que se te acerquen son acosadores, pero si ves que alguien no está dispuesto a abrirse a tí, te intenta ignorar, no te mira, acelera el paso estando tú cerca… Son señales claras. Déjame ir, por favor. Que tus ansias de «intimar» con ese ~*>>objeto<<*~ de tu deseo no signifique hacerle pasar un mal rato a la otra persona.
Gracias.