Llevo mucho tiempo dándole vueltas a por qué me cuesta tanto hablar o llamar a mis padres. Veo otra gente y a mi propio marido llamando cada poco para hablar de nada, y sin embargo en mi caso siempre me ha costado.
Es uno de otras particularidades que he ido observando durante toda mi vida y comparando con otros.
Y sí, me da una envidia enorme esa gente que habla de sus padres como lo más grande de su vida. Porque a mi me duele en el alma pero nunca ha sido así.
Hace tiempo que ya me enteré que fui un embarazo no buscado, demasiado jóvenes, y la razón de comidillas en la familia y de que se casaran mis padres. No sé si esa es la razón, pero creo que nunca me he sentido querida del todo, sobre todo por mi padre.
Supongo que para ellos solo fue el tirar para adelante, pero yo me recuerdo criada por mis abuelos, en cuya casa me dejaba mi madre todavía de noche para ir a trabajar. Mi padre casi siempre de viaje, aunque si recuerdo gratamente las noches en que no estaba porque podía dormir con mi madre.
Para mi, mi madre era solo exigencias y deberes y mi padre el terror personificado. Las pocas muestras de cariño, quizás un beso de mi madre, se me han hecho antinatural. No recuerdo un abrazo.
Decir que siempre he sido una niña buena, tranquila, jugaba sola y devoraba libros, no recuerdo una rabieta pero si más de una noche irme llorando a dormir por ser torpe o «poco espabilada». Llegué a pensar si tendría alguna discapacidad y tenían razón. Pocas veces pedía nada, solamente una mascota, todos los años en la carta de los reyes magos. Cada año cambiaba el animal a ver si llegaba.
Sin embargo, es verdad que nunca me faltó de nada. Mis navidades eran cosas que no había pedido pero estaban muy bien, las vacaciones, me pagaron el carnet de conducir y heredé el coche de mi padre… Excepto la posibilidad de opinar o poder pedir yo algo.
Si llegaba a tener sueños/juegos despierta inventandome otra familia, otra vida…
Así, el día que decidí irme a mi propia casa, me costó un mundo atreverme a decir tal día me voy. No hubo beso de despedida, ni abrazo. Me ayudaron con la mudanza eso sí.
Mi hoy marido a veces también me cuenta entre bromas que ha tardado años en dejar de ser «eh tú» y tener un nombre en la familia, y más de una vez me ha dejado la observación de no ver muestras de cariño en mi familia. Nos hacemos favores y estamos ahi para lo que se necesite pero a nivel emocional no hay nadie conectado.
Mis hijos, tampoco se sienten a gusto con los abuelos, y las veces que mis padres han hecho el comentario de que no quieren quedarse con ellos como yo me quedaba con los míos en ningún momento han pensado en que hagan nada mal. Pero si es que el día que dije que estaba embarazada me dijeron «¿y eso es una buena noticia?. A mi no se me olvidan estos comentarios, y hacen daño, mucho daño.
A día de hoy, les llamo muy de vez en cuando. A mi padre prácticamente nada, porque si le envío un mensaje mal por no haber llamado, y si llamo mal, porque por fin le llamo. Pero es que no me sale hablar de nada con él.
Con mi madre hablo más pero siento que es hablar de nada, solo pasar el rato y cumplir, y que no me escucha. Si le cuento algo personal incluso ha llegado a dejarme con la palabra en la boca y nunca volver a preguntar por ello.
Si voy a verlos es de visita, más de 24h me cuesta…
No quiero tampoco romper lazos, a fin de cuentas es la familia que me tocó y entiendo que me quieren de la manera que saben, pero si les hablo de corazón me toman por sensiblona, a broma o temperamental. Para ellos las depresiones no existen, eso es de vagos,¿ como voy a hablarles de que me siento mal de como he sido criada por ellos?
No se si hay algún tipo de terapia personal encaminada a esto o tiene solución, o simplemente finjo que todo es estupendo y fenomenal hasta el fin de los días.
En fin, que he encontrado este espacio como desahogo y que llegue a alguien con muchas ganas de leer y quizás saber qué decirme.