Me divorcié convencida de que era lo que debía hacer, porque creía que nuestra relación no era sana. Sentía que debía dar explicaciones por muchas cosas, yo necesitaba más libertad y sentía que él tenía una dependencia hacia mí, en fin, cosas que me hicieron plantearme, que él no era el adecuado y que era mejor separarnos para poder encontrar otra pareja y crear una familia.
Cuando se lo dije a mi madre, recuerdo que me dijo que las generaciones de hoy no luchábamos por nada importante, que la convivencia era difícil y que tenía que valorar lo que estaba haciendo porque tenía un hombre increíble a mi lado que me quería y me trataba bien, que se había integrado perfectamente nuestra familia y que era buena persona y en el futuro sería un buen padre para los niños.
A mí todo eso me sonó cantinela anticuada, pero ahora que han pasado dos años pienso que quizás ella tenía razón. En realidad no estábamos tan mal, era problemas de la convivencia que no es fácil, pero nos queríamos. Llevo dos años tratando de conocer a ese hombre perfecto y cuanto más miró lo que hay disponible, más claro tengo que quizá me equivoqué. No he vuelto a conocer a ningún hombre que sea tan buena persona como él y que se preocupe tanto por mí.
Sé que él no ha rehecho su vida, se quedó destrozado cuando le dije que lo dejábamos e intentó volver en varias ocasiones, pero yo me mantenía firme la decisión convencida de que era lo correcto.
No sé si debería tratar de contactar con él y ver si a lo mejor hay tiempo para darnos una segunda oportunidad.
