Ante todo, quiero decir que mis amigas son maravillosas. Pero a veces noto un muro entre nosotras, y aunque las quiero y me quieren, en ocasiones siento que no encajamos igual, que me tiran pullas…
Somos un grupo de 5 amigas de toda la vida. A todas nos han encantado siempre los peques (nuestros trabajos están relacionados con la infancia). Y todas hemos dicho y mantenido desde crías que un día seríamos madres.
La cosa está en que, desde bien jóvenes, quedábamos y hablaban horas de nombres, carros, decoración de habitaciones de bebé… A mí el tema me quedaba lejano (aunque no ajeno, porque sabía que un día sería madre), y así lo hacía saber, pero participaba aunque me abrumaba un poco con 20 pensar en ello. Un par de mis amigas, con frecuencia, se quedaban en casa cuidando sobrinos e incluso al hijo de una prima en lugar de salir con nosotras, porque decían que no había nada más maravilloso que dormir con un bebé o un nene peque. Hablo incluso de la época universitaria, cuando a mí me sonaba a chino esa preferencia, pero respetaba.
Cuando cumplimos 26, dejaron radicalmente de salir. Quedábamos más o menos cada 15 días para merendar. Nunca salíamos a bailar ni a tomar algo, nuestro tipo de plan «envejeció» de golpe. A menudo les decía que me apetecía ir a bailar algún sábado, pero me decían que ya estábamos mayores (26 años), que había que madurar, e incluso que yo estaba un poco loquilla (apenas bebo, nunca he tomado drogas y no soy excesivamente sociable, nunca entendí por qué soy loquilla). Cabe destacar que yo empecé con mi pareja muy joven, al acabar el instituto, y pese a ello seguí saliendo con mis amigas SIEMPRE. Ellas tuvieron parejas también y seguimos saliendo como antes hasta ese momento. No fue lo típico de que una se eche novio y deje a las amigas de lado. No hubo ningún enfado de ninguna (de hecho, para «lo malo» siempre hemos estado apoyándonos, como dije, el amor sigue ahí). Simplemente, todas se cansaron de salir de fiesta menos yo. Mi pareja y compis de trabajo suplieron esa parte de mi vida, pero estuve años echando de menos salir a bailar con «mis chicas».
Y 6 años después, todo cambió. Me quedé embarazada, nació el verdadero amor de mi vida y mis prioridades cambiaron. Ahora a mí no me interesaba nada salir de fiesta, los planes los prefería si mi chiqui podía venir, y aunque no me importaba dejarle un rato con papá o abuelos, tenía que ser un rato breve. Tan breve como las santas meriendas que llevaban 6 años imponiéndome como único modo de vernos. Pero salir de noche no me apetece nada. Irme de viaje sin mi criatura me parece una pesadilla. Estar un día de tardeo en otro pueblo y pasar horas y horas sin verla me duele. Alguna vez, por compromiso, he salido un ratito más (jubilación de un compañero, despedida de una amiga de la infancia), y no he disfrutado porque me apetecía más estar con mi hija.
Pues ahora resulta que un par de las amigas que no son madres (mis dos mejores amigas, de hecho), que se pasaron la década de nuestros 20 hablando de sus futuros hijos y de que ser madres llenaba sus sueños, que no salían por dormir con niños de primas y hermanas, ahora quieren fiesta. Y me lo echan en cara sólo a mí, porque la otra amiga que también es mamá nunca tuvo tampoco interés en la fiesta y la dejan en paz (y porque nosotras 3 nos hicimos amigas antes de conocer a la otra mami y a la otra no-mami, y nuestra relación siempre ha sido muy fuerte). Por eso, a la que pueden, me sueltan que he cambiado, que aún somos jóvenes, que soy mujer antes que madre…
Y me siento fatal. Porque no soy ni mujer antes que madre ni madre antes que mujer. Soy una mujer que decidió ser madre y que, tras mucha información, ha decidido un estilo de crianza que me satisface, y me apetece vivir todo lo que pueda con mi peque (que trabajo fuera de casa y la conciliación sabemos cómo es).
Quieren mucho a mi nena, yo lo noto, no me puedo quejar. Pero siento cierta… No sé, me sabe mal decirlo, porque sé que no me quieren mal y que se alegran por mí. Pero un poco de «como yo no lo tengo, pues no mola tanto». Jolín, hasta comparten vídeos virales que mí no me hacen ninguna gracia del estilo «gente con hijos» y todo amargura, «gente sin hijos» y todo alegría. O que las madres sólo hablamos de cacas (en mi grupo, faltaría más, hay ratito para que las mamás hablemos de caca, las solteras de chicos, todas de trabajo, de familia o de lo que surja, nos escuchamos todas, pero me duele que luego se rían de lo que las dos que somos mamis podamos contar).
Sé que estamos en momentos vitales diferentes. Entiendo eso. Sé que nos queremos y que estamos todas para todas cuando nos necesitamos. Pero me siento un poco incomprendida.
Gracias por leerme.
