Si queréis saber lo que es una mala amiga esperar que os lo voy a contar yo ahora mismito.
Sábado 14 de mayo, se casa una amiga de esas de toda la vida. Es decir, un bodorrio de esos a los que vas con todas las ganas del mundo. La cosa fue que yo hace más o menos un mes lo dejé con mi novio, el chico con el que había estado los últimos 5 años. Fue una ruptura un poco crazy porque digamos que lo pillé wasapeándose con varias chicas y no precisamente para mandarse stickers, ya me entendéis. De ahí me enteré de que hace un par de años me había estado engañando con una camarera del bar de debajo de casa en el que encima yo desayunaba todas las mañanas. Una prenda el chico, sí.
Él a la boda estaba invitado, pero realmente la amiga de la novia era yo, así que me preparé para desquitarme de todo como mujer soltera, guapa, divina y renovada. Lo que no me esperaba es que una amiga, realmente ya no tanto, que también estaba invitada hubiera decidido tocarme los ovarios a dos manos presentándose en la boda enganchetada de mi ex.

Llevaba por lo menos un año sin hablar con ella, después de que me enterara de que llevaba años poniéndome fina con sus amigas de la facultad incluso llegando a inventarse historias sobre mi familia. La que iba de amiga del alma, esa esa, la mandé a la mierda y le dije que ella por un lado y yo por el otro. No tuvo narices a negármelo todo, porque era verdad y empezamos incluso a torcernos la cara al encontrarnos por la calle.
Se ve que la señora se enteró de mi ruptura y pensó que qué mejor manera de darme en las narices que presentándose allí con él, como si a mí me fuese a importar el ver a dos arpías juntas y revueltas. La novia, la pobre, vino a pedirme perdón por aquello, preguntándose delante de mí en qué momento le había parecido buena idea invitar a aquella mujer a su boda. Poca culpa tenía, la pobre, habían estudiado juntas la ESO, Bachiller y parte de la carrera, con ella seguía teniendo contacto ¿por qué no la iba a invitar?
Teníais que ver la cara de todos cuando los vimos llegar a la puerta de la iglesia. La tía se debía pensar que me iba a poner a llorar o algo, pero en mi caso respondí con una sonrisa y dejando claro que aquello me parecía lo más triste del universo. Él se acercó a los novios de mis amigas como si no pasara nada pero la tensión se cortó todo el rato.
Ella había avisado de que iría con un acompañante y por suerte no cenaron en mi mesa, pero sí que los vi refrotarse durante la fiesta, borrachos los dos como cubas, dando un espectáculo tremendo. Los demás pasamos de aquel teatro por completo, y yo solo lo sentí por mi amiga, la novia, que la pobre no sabía dónde meterse.
Al final la mala gente tiende a unirse, y cuando lo hacen nos dejan a los demás en una paz total y absoluta ¿no creéis?