Hola chicas, os cuento mi situación:
Tengo 30 años. Mis padres nunca se llevaron bien, mi padre siempre fue muy estricto y nos levantaba mucho la mano a las hijas (a mi madre nunca la tocó), y a pesar de los gritos, malos rollos y poco respeto entre todos, mi madre siempre estuvo ahí para nosotras haciendo lo que podía y trabajando mucho.
Aunque le habíamos dicho desde pequeñas que lo que pasaba en casa no era correcto ni tenía que aguantarlo (en casas de nuestras amigas habíamos visto hogares más armonionos) ella continuaba “por nosotras” para no trasnocarnos mucho la vida. Y así siguió la cosa hasta muchos años más tarde cuando yo estaba en la universidad a muchos kilómetros, y mi hermana tampoco estaba, que mi padre la agredió a ella y entonces sí que hubo denuncia y divorcio.

En los años que yo no estuve en casa, mi hermana y ella discutían mucho, yo siempre lo achaqué al mal ambiente normal en casa. El caso es que tras el divorcio, mi padre y yo no nos hemos vuelto a hablar (es mutuo), y mi hermana se lleva bien con él ¿? pero es a mi madre y a mi a quien no habla a pesar de los intentos de ella por contactar y eso la destroza, yo lo llevo mejor porque entiendo que es su decisión.
Dada la delicada situación y debido a los malos tratos de mi padre, siempre lo vi a él como el malo y a ella como la buena. Aun sabiendo que ella había consentido la situación y era cómplice, la perdoné. Pero el caso es que en mi interior no me siento libre ni confiada con ella. Ella intenta ser amiga, borrar “lo que pasó”, pero es una persona infantil y miedosa que no ha superado nada (lo entiendo, como víctima de secuestro emocional que fue) y solo echa tierra sobre el pasado.
Aquí llega el quid de la cuestión; aunque es joven, tanto se esfuerza en “no pensar”, que cuando hablamos por teléfono o la visito a ella y los parientes del pueblo una o dos veces al año solo parlotea y verborrea sobre cosas de cajón que hace durante el día que describe minuciosamente durante horas en lugar de realmente conversar nuestras vidas, planes, hitos, etc.
Habla y habla sobre las cosas más perogrullescas y aunque le digas que por qué te habla de eso y no te “cuenta algo” ella sigue y sigue hablando sin escuchar, de una punta a otra de la casa, y luego cambia a otro tema (la lavadora que puso ayer, el programa de lavado que puso, la forma y temperatura del refresco que se tomó la semana pasada, cuantas patas tenía la mesa y si estaba coja, mira un pájaro, ayer estaba nulo y hoy menos nulo, voy a sacar el coche pero primero tengo que abrir la cochera, etc…) y cuando va y viene ya no sabes como decirle que te has perdido y no sabes por qué te habla de esas cosas tan random y que es imposible mantener el hilo. Intentas tú contarle algo y te corta para seguir describiendo sus quehaceres. Le digo que hace rato que me he perdido entre las curvas del camino de su paseo de ayer y cuantos trozos de lechuga le pone a la ensalada. Entonces se frustra, que no la escucho, que no le tengo paciencia, que si yo me creo muy nosequé y que la vida en el pueblo es así y es sencilla. Que qué quiero que me cuente, que de que hablamos si no…
Le dije que estoy aprendiendo a tocar la guitarra y me dijo ¿con qué guitarra? y le dije pues con una de segunda mano que me he comprado. Su respuesta: Ah. Fin de la conversación. Y así con cada cosa que empiezo a contarle.
No habla de actualidad porque las noticias son un jaleo y el mundo está loco, no habla de cultura porque no le interesa, no hablamos por supuesto de política, no hablamos de sentimientos porque le vuelven los demonios y se raya. No hablamos de cosas filosóficas y visión de la vida porque contesta con frases hechas y cambia de tema.
Y esa es la cuestión ¿de qué hablamos si no? El caso es que tras años de intentar entenderla mejor, o que vuelva al psicólogo, sacarle temas de actualidad, preguntarle cosas -respuesta corta y a otra cosa-, hablarle de mi -dice que me entiende y que está orgullosa de mi pero a la que le cuento algo nuevo suelta una frase hecha y cambia de tema; ya no sé que hacer.
Además si salimos a pasear intenta comprarme cualquier cosa que ve compulsivamente. Mira una camiseta (del estilo del año 2000), mira un bol de Disney, mira un boli ¿Quieres una sartén? ¿te compro hojas recambiables? Si le digo que no me gusta, que no lo necesito, que no me tiene que comprar porque sí, se enfada. Si la dejo, se gasta un dineral en chuminadas y me da mucha pena. Por lo que también me estresa salir con ella.
Con todo y con eso, me echa en cara que no le cuento cosas, que no confío en ella, que quiere que seamos las mejores amigas. Pero ¿cómo hago para contarle nada si ella no se da cuenta de que no quiere escuchar?
Hace años que con todo mi dolor, pero sus consejos apenas me sirven. Le explico que nuestras vidas son muy distintas y las cosas fundamentales ya me las enseñó y le estoy eternamente agradecida. El psicólogo me dijo que tuve que desaprender la mayoría de conductas tóxicas adquiridas y que había hecho un trabajo titánico. Eso obviamente no se lo he dicho a ella, pero me mata de pena verla seguir intentando educarme como en aquellos días. La veo que no progresa y me duele.
Además hay otra barrera entre nosotras, un tema que me gustaría hablar con ella sobre unos abusos sexuales que sufrí de pequeña por un familiar -del lado paterno- y no le conté, y ya no se si sería mejor no decírselo nunca porque no veo como pueda gestionarlo emocionalmente. Me da miedo que caiga en un pozo de amargura o que me lo minimice todo y haga como que son cosas que pasan…
Voy a ir pronto a visitar a la familia y estoy muy agobiada sobre como gestionar esos días con mi madre.
Gracias de antemano por leer el culebrón.