Hola a todas/os:
Antes de nada me gustaría decir que la web es magnífica. Los artículos, además de ser divertidos y amenos, son grandiosos y muy instructivos. He aprendido mucho leyéndolos y me he sentido un poco más acompañada, porque me identifico muchísimo con lo que contáis. En resumen, hacéis un trabajo fantástico. No cambies nunca, mucho ánimo y seguid así.
La cuestión es que escribo aquí porque acabo de darme cuenta de una cosa que me pasó con 12 años y que todavía hoy me afecta un poco. Toda esta historia empieza porque a mí me gusta escribir, me encanta escribir relatos e historias. Me gusta tanto que tengo hasta un pequeño blog donde voy publicando lo que escribo. Mi familia y mis amigas están al tanto de esto, y cuando se enteran de que hay algún concurso de relatos me avisan para que participe.
Pues bien, el último concurso en el que tengo intención de participar tiene como temática los trastornos de la conducta alimenticia. Ya sabéis: anorexia, bulimia, trastorno por atracón, etc. Para escribir mejor mi relato e informarme más sobre el tema, he estado buscando testimonios y demás información sobre todo este asunto. No es que no supiera nada sobre la bulimia o la anorexia, sino que quería ampliar un poco más mis conocimientos antes de ponerme a escribir.
Cuando ya tenía todos los datos y me he dado cuenta de los horribles que son estas enfermedades, me he parado a pensar: “Espera, yo también me siento insegura con mi cuerpo. ¿De dónde nació esta inseguridad?”. Sí, de dónde y cómo surgió esa sensación de estar incomoda con mi cuerpo. Porque yo no soy lo que se suele denominar como “gorda”, pero tampoco soy una modelo de “Victoria’s Secret”. Entonces me puse a pensar y recordar.
Cuando era niña nunca me paré a pensar en esto ni me fijaba en que mi cuerpo fuera diferente al de mis amigas de entonces. Yo era feliz, saltaba, reía, cantaba y bailaba sin preocupación alguna. Nunca he sido una niña gorda, ni he tenido sobrepeso ni nada. En mi familia hay físicos para todos los gustos, altos y delgados, y bajitos y “reciotes” (es un eufemismo que usamos para no llamarnos “gorda/a” a la cara). De hecho, con unos 10 años yo quiera ser modelo y desfilar por las pasarelas del mundo. Pero todo cambió cuando llegué a los 12 años y comencé la secundaria.
Comencé a leer revistas para adolescentes, y en ellas, a parte de las entrevistas a los cantantes de moda, me encontraba con artículos que decían cosas así como: “Trucos para tener un vientre plano”. Y ahí empezó todo. Porque yo no era una niña gorda, pero si tenía barriga. Entonces empecé a preocuparme por mi barriga, por mi tripa, por mi ombligo. Recuerdo que seguía los “trucos” y “consejos” de esas revistas, porque quería ser como las modelos que aparecían en ellas. Incluso comencé a preocuparme por las cosas que comía hasta el punto de pedirle a una amiga de aquella época que me dejara la dieta que su madre seguía para estar más delgada.
Por suerte, no sufrí ni anorexia ni bulimia. La razón de esto no la sé. Quizás sea porque mi madre, sin que yo me diera cuenta, se encargó de que yo no cayera en eso. Porque aunque yo le decía: “Mamá, quiero hacer dieta porque no me gusta mi barriga”, mi madre no me echaba cuentas y no me hacía caso. Quizás sea también porque yo tampoco me obsesioné con tener un vientre plano. No lo sé. Pero por desgracia, aquello me dejó la idea en mi cabeza de que no soy perfecta, que mi cuerpo es feo, que mi barriga es fea. Y llevo con esa percepción desde los 12 años.
Por eso me gustaría, ahora que estoy a un día de cumplir los 27 años, decirle a mi yo de hace 15 años: “Cariño, no te preocupes por tener más o menos barriga. Porque el tener más o menos barriga no te hará ser más o menos feliz. Lo que te hará feliz son tus actos y las personas que te rodean. Lo que te hará feliz es poder estudiar la carrera universitaria que tú querías, lo que te hará feliz es superar un linfoma a los 22 años, lo que te hará feliz será aprender todos los días, lo que te hará feliz será leer, lo que te hará feliz será escribir relatos, lo que te hará feliz será tu familia, lo que te hará feliz serán tus amigas, lo que te hará feliz serán tus sobrinos y lo que te hará feliz será darte cuenta de que no necesitas tener un vientre plano para ser una persona maravillosa y querida”.
Muchas gracias a todas/os por leer este trocito de mi historia y perdón por la extensión. Besos.