Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Tengo una hija de 16 años, Aitana, está en cuarto de la ESO, es muy estudiosa, responsable y en general muy buena niña.
Su círculo de amigos son los que ha tenido desde pequeña, todos estudiosos como ella, sanos, y estoy realmente contenta con el entorno que le rodea.
Va quedando con amigos, pero yo noto que queda especialmente con uno más de lo normal, Fran, un chico de clase que también conozco pero que entró en primero de la ESO. Por fin hace unos días me confesó que salía con él, pero que era todo muy sano y que no iba a interferir en los estudios, que era muy consciente de que lo primero es lo primero. Además, coincide que tiene que ir al viaje de fin de Curso de 4º, viaje con el que está muy ilusionada. Por mi parte le aconsejé, que no dé de lado a sus amigos, a su grupo, porque los amigos son los amigos y no tienes que abandonarlos, me dijo que tranquila, que eso estaba controlado y que Fran también suele salir con el grupo.
Pasan los días, y la veo feliz, bien, le voy preguntando y todo ok, así es que no me preocupo. Llega el viaje de fin de curso, van, vuelven y todo bien, pero, a la semana o así, me dice que ya no están juntos, le pregunto y me dice que él la ha dejado, que la relación lo había abrumado y no lo había sabido gestionar, entonces poco a poco me va contando cómo ha sido de verdad esa relación, y es que me confiesa que sus amigas le echan en cara que ha estado muy separada de ellos y que se aisló con Fran.
Fran no era del grupo oficial de Tana, pero en general se llevaba bien con todos, pero poco a poco empezó a pedirle que no fuese tanto con ellos, que quería estar siempre con ella, incluso en actividades de grupo quería que siempre estuvieran a solas, si Tana se acercaba a alguna amiga para hablar un rato, él se enfadaba, y en el viaje de fin de curso, se pasó medio viaje agobiada porque Fran no paraba de insistir que estuvieran juntos pero ella también quería vivir esa experiencia con sus amigos.
La escucho, voy asimilando, y le digo, Tana, cariño, no ves toxicidad en esa relación, tú ¿cómo la has vivido? Y me contesta que al principio esa exclusividad le hacía gracia y se sentía arropada por él, pero que ahora, fuera ya de la relación sí que ve que se había aislado, en su momento no lo sintió así. A mí me ha dado cierta pena que su primera relación haya sido tan rara, incómoda, tóxica, no sé cómo definirla.
Hubo otros muchos detalles, como que cuando empezaron a salir no paraba de insistirle en que me lo tenía que decir, como para oficializar la relación, y la agobiaba cada día hasta que me lo contó. Detalles tontos que yo sinceramente no veo normales.
Lo gracioso es que pasaron los días, y Fran empezó a mandarle mensajes, incluso notas escritas en el buzón de casa, diciendo que estaba muy arrepentido y que quería volver, que no había hecho bien dejándola, pero ahora es Tana la que no quiere volver, aunque realmente le dolió ese final tan inesperado.
Supongo que a estas alturas, pensáis que ese chico Fran, es tóxico, posesivo, y que lo mejor que le ha podido pasar es que la relación terminara.
Pues ahora cambiad los nombres, Tana es Álvaro y Fran es Cristina. Esta relación ha sido la primea relación de mi hijo Álvaro. Y esto lo he escrito así, porque las amigas, especialmente las amigas de mi hijo, le dicen que no tiene importancia la relación que ha tenido mi hijo con esa chica, que no pasa nada, no ven nada malo en la posesión, en separarlo de ellos (aunque sí que le echaron en cara que se había separado de ellas) y que todo lo que ha vivido no tiene importancia. Mi hijo, por otro lado, está indignado, porque él les razona que si hubiera sido una chica la estarían apoyando, pero como es un chico no lo ven igual, y les dijo que eran un poco hipócritas, sólo un par de ellas opinan como mi hijo, y ven a Cristina como muy tóxica y posesiva.
Yo estoy contenta porque mi hijo ha reflexionado mucho con este tema, sinceramente creo que tiene toda la razón, y hasta que no salió de esa relación no vio lo negativo de ella, pero como es chico, no pasa nada, ¿o sí? Os leo.
Rosmary
