Hace unas semanas que me tocó el premio gordo del papiloma. Me disgusté un montón, por lo que una de mis amigas me notaba rara, me preguntó qué me pasaba y le acabé contando.
Realmente, con el tiempo que hacía que no acudía al gine, no podía estimar desde cuando lo tenía. Y tampoco cómo lo había pillado. Lo que sí sabía, es que se lo iba a decir a mi follamigo.
Mi follamigo vivía al lado de la cafetería en la que estábamos tomando algo. Os digo esto porque ella empezó a decir «hala pues ahora, ya sabes, a decírselo a la víctima». Y sentada en la silla del bar, giró la cabeza y empezó a hacer movimientos señalando su portal.
«A la víctima», dijo. Os juro que se me cayó el velo con mi amiga.
No contenta con eso, ese finde quedamos todo el grupo para tomar algo el viernes noche. Y en el tema de conversación, que era una de mis amigas criticando la educación de hoy en día de «todos con todos», dijo, «así están llenas de venereas». Si ya el comentario en sí me parece que sobraba, lo peor fue que mi amiga se puso a mirar para mí. No dijo nada, pero allí estaba mirando con una expresión de un juez. Y yo le dije, «¿Qué pasa, por qué me miras así?». Y ella, roja y nerviosa contestó, «yo?? Ah noo!! Noo no te estaba mirando, fue casualidad!».
Me he decepcionado con esta persona. Es como si pasara de ser mi amiga a una señora machista que piensa «todas putas».
¿Qué opináis?
