Fui a un colegio concertado hasta que acabé Bachillerato. Ese colegio es de los más valorados (y caros) de mi ciudad. Como mis padres trabajaban, tuve que quedarme al comedor del colegio dos veces por semana, hasta que empecé la ESO, pero me he dado cuenta de que había cosas que no eran normales:
– Para empezar, teníamos que comer en total silencio, no nos permitían hablar. La monitora tenía un silbato y si oía que hablábamos casi que nos pitaba con el silbato en el oído.
– Si un niño comía de una forma «diferente» (por ejemplo, partir la comida en trocitos más pequeños de lo habitual), también se le gritaba.
– La comida era de cátering y nos la ponían fría, además de que estaba asquerosa. Yo llegué a estar al borde del vómito varias veces y aún así seguían obligándome a comer.
– Los niños de infantil muchas veces lloraban porque echaban de menos a sus padres o porque les daba asco la comida. Me acuerdo de que una niña de unos 4 años vomitó del disgusto. La monitora la levantó del brazo, le dio un palo en el culo y la sacó fuera del comedor para castigarla. Y no fue la única vez que castigaron a un niño pequeño por vomitar.
– Mis amigos nunca se quedaban a comer, así que como en clase teníamos una biblioteca libre y podíamos escoger libros de ahí para leer en nuestro tiempo libre, siempre me llevaba uno de esos libros al patio del comedor. Pues bien, algunas monitoras (que tendrían unos 40-50 años) me decían que era «rarita» porque, según ellas, a los niños de 8-10 años no les gusta leer.
A mí esto nunca me había parecido normal, pero es que hablo con otra gente sobre esto y me doy cuenta de que a ellos no les trataban así cuando se quedaban a comer en sus colegios. Yo sinceramente creo que eso era maltrato, y aunque me consta que a día de hoy han cambiado a todas las monitoras, han contratado a una buena cocinera y tratan con respeto al alumnado, no quita que a los alumnos de esa época (hace unos 15-20 años) no nos tratasen bien.
