Ha sido todo como muy rápido y raro, yo iba con el móvil claro, él se ha subido en la planta 9, nos hemos mirado para soltar el buenos días ese de cortesía y nos hemos mirado como otra vez en plan yo a ti te conozco, pero en la cuatro nos han parado y se han subido otros dos y nos han jodido el rollo.
Hemos llegado a la calle y ha salido corriendo, sus andares no me sonaban, pero en estos años a saber si ha cambiado de andares, iba en vaqueros y polo, por ahí tampoco puedo asegurar si trabaja aquí o ha venido de visita o a saber, ains qué lío.
La reacción normal hoy en día sería buscarlo por redes sociales a ver si lo pillo, pero tiene un nombre de lo más común y llevamos tantos años sin saber nada el uno del otro que ni idea de qué nick llevará por redes.

Lo último que supe de él es que se iba a Barcelona a estudiar a una escuela de cine, para ser director, pero ahí le perdí la pista. Ha sido inevitable recordar aquellos años y lo bien que nos llevábamos y lo buenos amigos que fuimos, es que todas hemos tenido ese primer amor.
Pero nada, imposible localizarlo, de momento, el edificio es tan grande que a saber y las chicas de seguridad no me pueden dar datos por temas de confidencialidad, ni bajo cuerda lo he conseguido, que rabia, por tonta.
¿A qué debí haber dicho algo? Ahora me arrepiento.