¡Hola, chicas!
Soy asidua lectora del blog, pero esta es la primera vez que me atrevo a publicar aquí. Vengo a pediros opinión/consejo, y a saber si hay alguien que ha pasado por lo mismo que yo.
Ahí voy:
Soy madre de un chaval de quince años. Hasta ahora no daba problemas, sacaba (y sigue sacando) buenas notas, acata normas, no hay ninguna queja de él en el instituto…. Y es un fanático del fútbol y el equipo local. A mí es una cosa que ni fu ni fa, pero mi marido y él son socios, y no se pierden un solo partido, ni en el estadio ni en la TV cuando les toca jugar fuera.
Ya de pequeño notaba yo que se ponía algo nervioso, por así decirlo. Cuando se acercaba la fecha del partido, no paraba de hablar del tema, pero lo veía ilusionado. Si ganaban, todo era felicidad, pero si perdían, venía a casa algo triste, aunque se le pasaba enseguida. Vamos, que yo hasta ahí, no vi nada raro.
El caso es que, desde hace un tiempo, la cosa ha cambiado. A eso de los catorce años empezó a obsesionarse, pero de verdad. Cuando era pequeño, hablaba con ilusión, con emoción del partido. Ahora se pasa toda la semana atacado, pensando en cómo van a jugar, en si podrán ganar, analizando al equipo rival jugador por jugador como si él fuera entrenador… Y lo peor es cuando pierden. Ahí llega a casa de muy mal genio, entra en bucle, a veces hasta llora, y la última vez tuvimos una gorda en casa, porque se cargó un cuadro por darle un puñetazo cuando les empató el equipo contrario en el último momento.
Mi marido dice que se acabó, que es la última temporada que le paga el abono, que va a estar un año sin ir al estadio, para que aprenda a «comportarse». Amenaza, incluso, con cancelar la suscripción que paga en la TV por el fútbol. Yo, por mi parte, creo que no es la única solución. Va a seguir pendiente de los partidos y resultados igual (hoy en día es tan fácil como bajar a un bar, consultar internet…).
Veo a un chaval completamente obsesionado con esto, y le está afectando en su vida personal. Rechaza quedar con sus amigos cuando ha perdido el equipo, discute con cualquiera por el puñetero fútbol… Me da miedo que la cosa vaya aún a más, y he pensado en llevarlo al psicólogo, pero no sé si dará resultado.
Es cierto que cuando pasa un día o dos se disculpa con nosotros y dice que lo controlará a partir de ahora, pero no es verdad. Tanto su padre como yo nos sentimos culpables por no haberlo visto venir, o por no haber actuado antes.
¿Vosotras qué harías en mi lugar? Gracias, chicas. Siento este tocho.
