Suena a telenovela, pero es lo que hay. Mis padres son octogenarios ya. Somos dos hermanos, yo y mi hermano pequeño. A él siempre lo han considerado como un poco bobo, el que no terminó ni el instituto, el que no conseguía trabajo ni a tiros; yo era la lista, la empollona, la sabelotodo.
Los dos nos casamos, y los dos nos divorciamos. Su divorcio fue porque su ex era un dolor de muelas. El mío, un fracaso porque yo no había sabido hacer funcionar mi matrimonio. Según mis padres, claro. Y sin hijos, una inútil.
El caso es que yo seguí adelante como pude, mi divorcio fue jodido porque mi ex se metió hasta lo que no tenía por la nariz; mantuve mi casa aunque al final perdí mi negocio y tuve que pedir un dinero prestado a mis padres, hace 5 años. Dinero que mi padre me dijo que no necesitaba devolverle porque a mi hermano le han sacado las castañas del fuego tropecientas veces y porque le regalaron una plaza de garaje, cosas que yo no sabía.
Mi hermano vive del negocio familiar, que se quedó él cuando nuestro padre se jubiló. Cuando se divorció fue a vivir con sus hijos cuando le tocaban a casa de mis padres, y allí sigue, con el añadido de su pareja actual. Allí lleva instalado 8 años, sin poner ni un euro, porque se están haciendo una casa que debe ser El Escorial mínimo. Mis padres se me quejan a mí, pero a él no le dicen nada. Incluso me han pedido que le hable a ver si lo convenzo de que se vaya, en mi función de hermana mayor, pero les he dicho que naranjas de la china. Si quieren que se vaya de su casa toda la tropa, que lo digan personalmente.
El caso es que mi madre se puso enferma hace unos meses y tuvo que ser hospitalizada durante un mes. Después de tener que cerrar mi negocio encontré un trabajo pero era una sustitución larga, y ahora estoy en paro. Así que la tarea de asistir a mi madre en el hospital me tocó a mí. Y a mi padre en su casa, que el hombre no sabe hacer ni el huevo. Los dos acoplados salían a sus trabajos por las mañanas y volvían por las noches.
Le dieron el alta a mi madre y me tocó seguir atendiéndoles. Hace un par de semanas tuve una discusión con mi hermano, porque me dijo que se iba con su pareja el domingo a pasar el día por ahí, y le dije que no, que era el único día que yo me podía tomar un descanso y que se encargaran ellos de los abuelos.
Nunca he sido de ir de chivata, además de que la discusión no me pareció tan importante. Pero ni 24 horas después me llamaron mis padres como si hubiera matado a alguien. Mi padre, literalmente, no podía hablar de tanto llanto, «por lo que le había hecho a mi hermano». Me fui para su casa porque no entendía nada. Realmente sigo sin entender, porque no sé qué contó. El caso es que tuve que escuchar barbaridades de mis padres. Que le tengo envidia. Que soy una egoísta. Que el pobrecito, con lo que trabaja, merece divertirse un día. Que yo estoy sola y parada y no tengo nada mejor que hacer. Que todos los problemas que ha habido en la familia los he causado yo (no sé de qué me hablaban). Que mi pobre hermano lleva el negocio a trancas y barrancas porque no sabe y yo que sí sé no le ayudo (no me lo ha pedido nunca). Que si mi hermano no viviera con ellos tendrían que contratar a alguien para que durmiera allí (a ver, que lleváis 8 años quejándoos). Que si yo los cuido es porque es porque es mi obligación, es natural porque soy mujer. Y el colmo, me exigieron el pago de la deuda que me dijeron que ya no tenía y que saben perfectamente que ahora mismo no puedo afrontar. Y más cosas… Fue un bombardeo de rencor que no sabía que estaba oculto en mi familia.
Llevo meses atendiéndoles, y no se me había ocurrido que tuviesen tantos reproches guardados. Creo que no me gritaban tanto desde que tenía 5 años. Me fui de su casa en shock, y no he vuelto (y mira, no soy tan necesaria, por lo visto). De mi hermano y mi madre no sé nada. Mi padre me llama cada dos o tres días como si nada.
Pero a mí se me ha roto algo por dentro. Le contesto, pero no quiero verlos ni saber de ellos. Ahora me está hablando de las próximas reuniones familiares navideñas, le cambio de tema, no hay nada que me apetezca menos ahora mismo que sentarme a una mesa con ellos. Mi mejor amiga me dice que les perdone, que si se mueren me voy a arrepentir. Pero es que de verdad no me sale.
